Puerto Caldera se enfrenta a un nuevo tropiezo en su ruta a la modernización y con éste, se rezaga nuestra competitividad, la capacidad de acelerar nuestro desarrollo y se reducen las condiciones para reponernos del golpe de la pandemia. La burocracia y tramitología parecen ser los principales enemigos de nuestro principal puerto en el litoral del Océano Pacífico.

En un momento en el que nos urge conectarnos de manera eficiente con Asia -sin costosos y lentos intermediarios- y en el que es fundamental impulsar el comercio exterior como motor del país, se suma un nuevo capítulo de retrasos: la Contraloría General de la República (CGR) negó al INCOP el aval para contratar de manera directa, la preparación de los instrumentos para licitar la concesión de Puerto Caldera. Ahora se tendrá que hacer un concurso público para seleccionar a la empresa y luego, iniciar el proceso de licitación. Con la contratación directa ya se estimaba un retraso de al menos 6 años para la modernización. Ahora este plazo se extenderá de manera incierta.

Entendemos la transparencia como un principio fundamental en nuestra administración pública, pero ésta no puede ignorar la eficiencia y al interés público: un fin no justifica el uso de cualquier medio, a cualquier costo.

Nos preocupa el rezago del puerto, el mensaje que se envía -al país y al mundo- y las duras repercusiones que tiene seguir retrasando las obras de ampliación y modernización de Puerto Caldera. La urgencia que tiene la modernización del puerto para el mejor interés público hace necesario evaluar -también- la extensión de los actuales contratos como una alternativa realista, cercana y eficiente. Hacerlo no es restar transparencia, aunque algunos interesados -en lo público y lo privado- así lo quieran presentar.

Hay importantes efectos objetivos y tangibles para el país, en especial las pérdidas económicas -estimadas en más de US$100 millones anuales-, que terminan siendo asumidas por el consumidor y el productor nacional, ante un puerto que ya sobrepasó su capacidad máxima de ocupación – entre 80% y 90% de forma sostenida y creciendo-, y que por sus limitaciones físicas -en especial de calado-, no puede recibir barcos de más tamaño que los construidos hasta 1970.

Al tiempo en que Asia Pacífico se convierte en el eje y motor del desarrollo económico global y que nuestro litoral Pacífico se hace entonces más estratégico, las oportunidades de mejora y modernización se alejan de Puerto Caldera. Mientras no se puedan recibir buques de mayor tamaño que permitan “ahorrar” días de tránsito, reducir o eliminar la factura logística para evitar transbordos en puertos intermedios y no incurrir en multas a las navieras por la espera en bahía para las descargas, seguiremos estancados. Mientras se solucionan procedimientos administrativos no podemos movilizar mayores volúmenes de productos frescos, ni establecer una ruta directa entre Costa Rica y China, por ejemplo. Así solo se postergan posibilidades de avance, para un país que requiere con urgencia modernizarse y reactivar su economía.

Lenguaje